
Quiero comentar en relación al enfoque que se tiene por la mayoría de personas, el hecho de que tengamos que «sufrir» todo tipo de angustias, estrés e incluso maltrato en alguna de sus formas, a través de personas tóxicas por el mero hecho de que sean de nuestra familia,
Pues mirad.. yo no lo creo.
Lo que os voy a decir, es una conclusión a la que he llegado y verificado en mi vida después de lidiar durante mucho tiempo con un familiar adicto a las drogas con el que aprendí que ayudar en muchos casos, no es sinónimo de poner «colchones» a sus caídas y conductas, ya que muchas veces lo que uno quiere no es lo que uno necesita.
Esa famosa frase que dice que a la familia no se la elige en el sentido de que tenemos que tragar con todo por el hecho de que seamos del mismo árbol genealógico, es otra gran mentira del sistema de creencias.
No nos debemos a nadie, ni a nada, solo a nosotros mismos y si nosotros no estamos bien en relación con otra persona, (de la familia o no), tenemos todo el derecho a no hipotecar la única vida que tenemos, aguantando todo tipo de situaciones que dinamitan nuestro equilibro emocional.
Nuestra responsabilidad es con nosotros mismos, no con los demás. Ayudar no es cargar con la mochila de otras personas. Se demuestra más amor, distanciándote de las personas tóxicas, que intentar ayudarlas dándoles infinitas oportunidades que les impide salir de su una zona de confort e inmovilidad, que no les deja crecer ni aprender la lección que emana de sus conductas destructivas y negativas hacia los demás y hacia ellos mismos.
Estas personas necesitan a veces, enfrentarse solas a sus cargas para que sigan evolucionando. Hemos de recordar que son sus mochilas, no las nuestras y flaco favor les hacemos si cargamos nosotros con las suyas. Nuestra ayuda acaba cuando nuestra estabilidad mental y emocional se empieza a desmoronar por la circunstancias de otras personas, sean familia o no.
Podemos guiar, podemos proponer y dar herramientas, pero sobretodo observar e intentar desde la neutralidad, darles lo que necesitan que no necesariamente coincide con lo que ellos quieren porque lo que quieren, es mantener su actitud que es con la que se sienten cómodos y habituados.
Además, esa situación también refleja nuestros miedos, carencias, sumisión y apego a los demás, con lo cual también es una lección vital para nosotros que debemos aprender.
Cuando se nos presenta una persona que nos desestabiliza, somos nosotros también quienes tenemos que aprender a no someternos a todo a cualquier precio y saber decir ¡STOP! a situaciones que simplemente no queremos soportar.
Todo lo que nos pasa es un espejo de nosotros mismos, de nuestros miedos y nuestras debilidades emocionales y si se cruzan en nuestro camino personas que nos desestabilizan es porque algo debemos aprender aún sobre esas situaciones que nos ponen en nuestro camino.











